lunes, 28 de abril de 2025

Escribir en tiempos modernos

¿Hemos perdido la capacidad de asombro?

Definitivamente, sí. Es innegable que, en los tiempos que corren, la sociedad está sobreestimulada. Para mí, como escritor, este fenómeno representa un desafío constante, ya que trabajo en la creación de ideas que, con frecuencia, terminan plasmándose en cuentos, relatos breves, extensos o novelas, en cualquiera de las formas que adopta la literatura. Vivir en esta era, donde todo debe condensarse en quince segundos, resulta realmente complejo.

En este siglo hemos presenciado una explosión vertiginosa de la mente humana; todo se ha diversificado y masificado de una manera que asombra —o aterra— si se observa con detenimiento.

Hoy en día, resulta difícil crear una obra de arte que trascienda y de la cual se siga hablando en el siglo XXII. Ningún libro de esta era resistirá el avasallamiento tecnológico que ha mezclado, de manera indiscriminada, tantas cosas. Y no me refiero únicamente a la utilización de la inteligencia artificial para escribir libros, crear contenidos y reemplazar artistas. La tecnología ha sometido a sus propios creadores, y ahora esa maquinaria imparable nos vende un estilo de vida placentero pero fugaz. Hay de todo para todos, en todos los formatos. Y ese exceso es tan perjudicial como la falta de estímulos.

Supongo que alguna vez existió un equilibrio en la gravitación del arte en el mundo. Eso ya se terminó. Finalizó con la llegada de Internet y la hiperconexión.

Hoy es un acto titánico sorprender a alguien con un libro. Más aún si ese alguien ha pasado por diez temporadas magistrales de una serie diseñada para mantenerlo prisionero de la dopamina. Es difícil arrancar emociones a quienes viven rodeados de pantallas, esas nuevas ventanas que no solo miramos: también nos miran.

Esta vida veloz, de estímulos y placeres inmediatos, es sumamente tentadora. Pero deja como consecuencia la aparición de vacíos emocionales, sensaciones desconocidas para el ser humano, pues nunca antes había estado tan arriba, tan estimulado. De ahí, tal vez, provenga la ansiedad que hoy circula con tanta intensidad. Esta manera de vivir nos ha deformado la mirada.

Por eso, en mi oficio de escritor, trato de atrapar ese destello fugaz que aún queda en los ojos, de sostenerlo en el papel, de salvarlo del olvido. A veces siento que he nacido en un siglo que no me pertenece. Sin embargo, en medio de tanto ruido, he aprendido a escuchar a la vida. Y ella, siempre en voz baja, me pide una sola cosa: que escriba.
Así que no vemos entre letras.



 


No hay comentarios:

Publicar un comentario

LOS INMEMORABLES: Todo destino es evanescente

Por el Buenos Aires que alguna vez caminaron Alan y su Isla. Podría definir Los Inmemorables como una novela que incluye varios géneros y s...